top of page

La Nina Mula

 

Una noche, ya entrando a la madrugada, se dirigía a su casa Don Delfín, respetable ciudadano que salía de una reunión en un club exclusivo. Esto ocurría por los años 1950, en la bella ciudad de Huarás. Los amigos le recomendaron no andar tan tarde; decían que los malos espíritus salían a esas horas, además, don Delfín era el único que vivía por ese lado de la ciudad. Sin embargo, muy valiente él, con el poder que daban los tragos y con la confianza de que en medio siglo de vida jamás había tenido experiencia con los espíritus, caminaba tranquilamente por las empedradas y angostas calles de su pueblo.

 

Como nunca, sintió un poco de miedo. Tenía la impresión de que alguien lo seguía.  La noche confabulaba con el silencio, tanto que él hasta escuchaba el latir de su corazón, asemejando un bombo enloquecido, y sus pasos producían un eco lúgubre. Caminó más a prisa. De pronto, se escuchó un lejano galope de caballos, ¿quién cabalgaba a esa hora con tanta prisa?

 

Debe ser el hacendado Pohl, se dijo para justificar su miedo, y empezó a caminar, que digo, a correr a toda prisa. El galope se acercaba cada vez más por el jirón Sucre. Don Delfín volvió la mirada, viendo con horror cómo corría una mula arrojando chispas por los ollares y los ojos. Los pies ya no le obedecían, por permisión de Dios, se vio de pronto ante un gran zaguán de una de esas casonas antiguas y señoriales. Allí se escondió, viendo pasas una briosa mula negra de ancas relucientes, cuya cabeza era de una dama muy conocida en la ciudad. La cabalgaba un hombre vestido completamente de negro: sombrero, poncho, pantalón, botas de cuero y las espuelas candentes aguijoneaban a la mula sin piedad, la que corría sacando chispas de todo lo que pisaba. Los cabellos de la mula eran innumerables serpientes, las riendas que sostenían al caballo también. Don Delfín estaba horrorizado y mudo de terror.

 

La singular cabalgadura pasó veloz y nuestro informante casi muere del susto. No supo como llegó a su casa. Reaccionó recién al escuchar en la lejanía el aullido de los perros.

Lo curioso es que Don Delfín nunca contó el episodio vivencial por temor a que sus amigos se burlasen de él. Pero, desde aquel día, quedó con una tremenda preocupación que se le notaba en el rostro.

 

Ya no era el mismo hombre alegre y divertido. Un día, le pasó lo mismo a otro amigo suyo; recién los dos contaron lo sucedido. Los demás amigos les aconsejaron que fuesen donde una rezadora que vivía en Toclla. Ella les aclaró que lo que habían visto era la Nina Mula; es decir, una mujer que convivía con un sacerdote, que una vez al mes el diablo la convertía en mula y la cabalgaba, castigándola sin piedad.

Antes que cante el gallo anunciando el amanecer, la Nina Mula debía de regresar a su casa y retomar su forma humana, de lo contrario ocurriría una desgracia para el pueblo.

 

Ardiles Poma, Violeta. 2007. Cuentos de Shullya. Editorial San Marcos.

 

¿Qué opinas de esta historia?

¿Qué puedes rescatar de los personajes de esta historia?

¿Podrías sacar un mensaje de esta historia? ¿Cuál sería?

Creado con Wix.com

Creado por:

Tracy Nicole Depaz Cruz

Jesús Daniel Osorio Támara

Estudiantes

 

  • Grey Facebook Icon
  • Grey YouTube Icon
  • Grey Pinterest Icon
bottom of page